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Para nadie es un secreto que las mujeres han logrado jugar
un papel cada vez más protagónico en el mercado laboral
venezolano. Mucho tiempo ha pasado desde que la esposa se
confería únicamente y sin protestar al hogar y al cuidado de los
hijos, dejando de lado sus aspiraciones profesionales.
Hoy en día, las mujeres tienen acceso a la educación superior
—en donde algunas carreras son predominantemente femeninas— y al
trabajo, de manera similar que sus homólogos masculinos. No
obstante, en el ámbito gerencial la situación luce distinta: la
gran mayoría de los ejecutivos que ocupan posiciones clave
dentro de las organizaciones son de sexo masculino.
Así lo señaló Ana María Zampella, directora de ANRI, Asociación
de Recursos Humanos, quien explicó que la poca participación
femenina en la gerencia tiene como motivo principal la
limitación que se imponen las mujeres en el campo de trabajo
para poder cumplir con sus compromisos personales.
“No creo que se trate de un problema de discriminación, porque
en Venezuela, a diferencia de otros países del mundo, no existe
diferenciación entre los salarios que ganan hombres y mujeres.
Nuestro problema es de pobreza social: las mujeres prefieren
tener menos grado de responsabilidad para poder dedicarse a
labores propias del sexo femenino, como es el cuidado de los
hijos. De esa manera, existe una brecha entre el número de
mujeres que accede a la educación superior y las que logran
ocupar puestos importantes en las empresas”, afirmó.
Es por eso que todavía hoy en día un gran número de mujeres
prefiere dedicarse a oficios o profesiones tradicionalmente
ligadas con la feminidad, como es el caso del secretariado, la
limpieza, la educación básica y diversificada, la enfermería y,
de manera creciente, las ventas informales.
Pero para Zampella, la poca participación que tiene hoy la mujer
en la gerencia venezolana se trata de un problema con solución a
largo plazo, puesto que con la progresiva horizontalización de
las organizaciones, se aprecia cada vez más el papel femenino en
la directiva para promover la comunicación, la flexibilidad y la
integración de equipos. Es así como la mujer ha podido explotar
sus características intrínsecas, sin necesidad de asumir una
actitud masculina ante el trabajo.
En ese sentido, es importante que la mujer cuente con el apoyo
tanto de su entorno familiar y de las instituciones encargadas
del cuidado infantil, las cuales han cobrado mayor importancia
desde la promoción de la mujer en el mercado laboral.
Entre la casa y la oficina
De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística, en
Venezuela 4,3 millones de mujeres conforman la llamada población
activa. De allí se desprende que la tasa de actividad de las
féminas —52%— es sensiblemente inferior a la de los hombres, que
se ubicó en 83,3% a finales del año pasado.
Por otra parte, si se analiza la composición de la población
inactiva, se puede apreciar que, a diferencia de los hombres, la
mayoría de estas mujeres —alrededor de 2,7 millones— se dedican
a los quehaceres del hogar.
La cantidad de mujeres que se dedican únicamente al hogar
disminuyó de 2,9 millones en el año 2000 a 2,7 millones a
finales de 2001, lo cual refleja que ante el desempleo y la
difícil situación económica, muchas mujeres han decido salir a
la calle a trabajar. De manera paralela, la población de féminas
estudiantes aumentó de 877.501 a 889.146 y también se incrementó
la cantidad de mujeres activas de 3,8 millones a 4,3 millones.
100% femenina
Pocas áreas de trabajo son hoy en día un territorio
estrictamente reservado a los hombres. En Venezuela, una larga
lista de percepciones, así como los extensos períodos que se
confieren a la maternidad, hacen que la aviación comercial sea
uno de ellos. Muchos se imaginan a la esbelta azafata que sirve
a los pasajeros con una amable sonrisa, pero muy pocos han
logrado conocer a una mujer con uniforme de piloto.
Patricia Montalenti, piloto de la aerolínea nacional Santa
Bárbara Airlines lo sabe, por lo que se describe como la única
piloto comercial que existe en Venezuela en la actualidad,
después de que el cierre de Viasa dejara a Juanita Martínez
fuera de ese mundo; y también la única que ha cruzado el
Atlántico en un avión de los que llaman ATR 42.
Luego de pasar por un litigio que obligó a la otrora estatal
Aeropostal a incluirla en sus filas como una de sus pilotos,
Montalenti cuenta en su haber con más de 10 años de actividad
aeronáutica, en los cuales ha cosechado múltiples frutos y más
de una desazón. No sólo el ser piloto sorprende de Montalenti.
También es periodista audiovisual graduada de la Universidad
Católica Andrés Bello y, a pesar de lo que muchos pudieran
pensar, tiene una hija que la espera en tierra de vez en cuando.
“Desde niña quedé impactada con la aviación y, a pesar de que
decidí estudiar comunicación social, apenas terminé la carrera
me fui a Estados Unidos a hacer un curso de piloto y otro de
ingeniería de vuelo para aviones 727. Cuando regresé, me
encontré con que la situación femenina en el mundo aeronáutico
era muy difícil, pero una vez que gané el juicio contra
Aeropostal se acabaron los malos ratos”, contó.
Hoy, a pesar de que Montalenti afirma que los pasajeros se
siguen sorprendiendo, el campo aeronáutico está un poco más
abierto a las mujeres. “Hay de todo: tengo fans que sólo viajan
conmigo, pero una vez un pasajero se puso histérico porque la
piloto era una mujer. Como insistía en que se quería bajar,
arranqué el avión y cuando llegamos, con mucha elegancia, le
hice la señal de costumbre”.
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