TRABAJAR FREELANCE
Ventajas y desventajas de la libertad laboral |
*Si el empleado independiente decide cuándo
y en qué ocupar su tiempo, el contratante suele determinar cuán
expedito y seguro será el pago. La labor libre tiene ésta y
otras desventajas, pero quienes la prefieren cuentan con algunas
opciones legales para prevenir sorpresas desagradables
Freelance es un término inglés de moda a partir de la década de
los ochenta que define a quien trabaja de manera independiente,
sin firmar contratos de exclusividad con una empresa. Suele
llamársele trabajador a destajo, pero en este punto es necesaria
una aclaratoria.
Según la Ley Orgánica del Trabajo, los empleados pueden ser
permanentes u ocasionales e, independientemente de la categoría
en la cual se incluyan, devengarán un salario fijo o por unidad
de tiempo, o un salario por resultado o a destajo. No existe el
trabajo a destajo –como es comúnmente entendido- sino el salario
a destajo. A primera vista parece el método ideal. El freelance
trabaja cuando quiere, como quiere y donde quiere. Pero todo
comienza a perder brillo si se toma en cuenta que quien emplea
paga bajo las mismas condiciones.
La protesta general es que no existe compromiso por parte del
empleador. Se cumpla o no con la fecha de entrega del trabajo
requerido, la paga siempre es tardía y en muchos casos exige del
freelancer un nivel de insistencia sobre el contratante que raya
en el acoso. Honorarios retardados, la primera de numerosas
desventajas. Desde el punto de vista laboral, la empresa que
contrata un freelancer evita costos de nómina y salario, espacio
físico y equipos. Y, sobre todo, no se ve en la necesidad de
cancelar beneficios sociales como prestaciones, seguro médico,
bonos de alimentación y otros pagos que un trabajador fijo
recibe. Todo lo que la empresa se ahorra es lo que el freelancer
deja de devengar.
Cuentas claras
Si a pesar de las desventajas mencionadas persiste el deseo de
trabajar freelance, existen algunas opciones legales que proveen
de cierta protección al contratado y de algunas obligaciones al
contratante, según lo explicado por abogados de la firma Hoet,
Peláez, Castillo y Duque.
Primera opción: firmar un contrato. Parece una observación
absurda, pero muchos de los freelancers aceptan trabajos de
palabra, sin dejar constancia alguna –más que la oral- de que se
le ha asegurado una cifra determinada a cambio, así como ciertas
condiciones de pago.
El contrato permite establecer, legalizar y asegurar las
características del negocio contraído, cuáles son las
obligaciones del freelancer y cuáles las de quien contrata sus
servicios. Si el servicio es de outsourcing, no hay exigencias
de naturaleza laboral; pero si es una actividad que implica
relación contractual, el patrono debe cumplir todas los deberes
establecidos en la legislación.
Si el freelancer mantiene una relación de dependencia laboral
con el mismo empleador por más de tres meses, deberá recibir
beneficios en proporción a la remuneración que ha percibido
hasta el momento, sin importar si ésta ha sido fija o a destajo.
Segunda opción: obtener un registro mercantil. No es la más
cómoda y en algunos casos tampoco la más ventajosa, pero ofrece
garantías más firmes. Al obtener un registro mercantil, el
freelancer constituye una compañía de comercio o una firma
personal con todas las ventajas que la ley establece.
Por supuesto, el trabajador que actúe a través de una compañía
–aunque él sea el único trabajador de la misma- está sujeto a la
legislación tributaria de la entidad jurídica que creó, por lo
tanto debe cumplir obligaciones con el fisco, como impuesto
sobre la renta e IVA. Además, la empresa deberá tener una
patente de industria y comercio.
Quejas van y vienen
En las relaciones laborales es común que todos los frentes,
empleador y empleado, se quejen. Cuando las relaciones son a
distancia o a destajo, estas protestas se exacerban porque,
generalmente, es común que ambas partes se acusen de
incumplimiento. Si el freelancer debe perseguir día y noche al
contratante para recibir su pago, el contratante argumenta que
debe hacer lo mismo para tener en sus manos el trabajo que
ordenó. Hay quienes aseguran que, a la larga, contratar a un
trabajador independiente resulta más caro por hora de trabajo
que emplear uno fijo. Además, el freelance tiende a ser menos
comprometido con la empresa y su condición de externo dificulta
que se puedan hacer correcciones u observaciones preventivas a
su trabajo. Sin embargo, estos argumentos se tambalean ante el
hecho de que las empresas suelen contratar freelancers sólo para
trabajos esporádicos y específicos, no para proyectos a largo
plazo. |
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MELISSA SALMERÓN / www.el-nacional.com
(Venezuela), Domingo 7 de octubre de 2001 |
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