La independencia laboral, el equilibrio familiar y
profesional son algunos de los factores para vivir mejor y
explotar las habilidades creativas
Ciudad de México (1 enero 2002).- Las grandes ejecutivos logran
sus mejores resultados cuando tienen algo que hacer, algo que
amar y algo que esperar. En otras palabras: cuando saben cómo
mantenerse motivados.
La independencia laboral, el equilibrio familiar y profesional,
además de la capacidad para generar cambios positivos en el
ambiente y el conocimiento del carácter, son sólo algunos
elementos básicos para vivir mejor y explotar las habilidades
creativas.
En entrevista, Margarita Mayo, profesora de comportamiento
organizacional del Instituto de Empresa, una de las escuelas de
negocios más destacadas de Europa, reconoce que la variedad en
las actividades del trabajo, la autonomía y la importancia o
trascendencia de la labor profesional, permiten enriquecer la
actividad laboral.
"Al tener autonomía en los procesos de trabajo, las personas
perciben que tienen mayor control en su vida y ésto se traduce
en mayor motivación", señala.
De acuerdo con la experta de la institución con sede en Madrid,
la motivación tiene dos vertientes: la intrínseca y la
extrínseca. La primera se refiere a lo que cada persona puede
hacer para mantener un estado de ánimo positivo. La segunda
contempla factores externos como puede ser la empresa, el
ambiente de trabajo y los incentivos materiales.
"La motivación interna es la más importante, porque llega un
momento en que la motivación externa pierde su valor. Existen
altos ejecutivos que tienen suficiente dinero para comprar una
casa en la playa y todos los autos que desean. En ese momento,
el dinero deja de ser motivante y el reconocimiento social cobra
mayor relevancia", explica.
Y es que nunca nos cansamos de que las otras personas piense
bien de nosotros, agrega.
Este es el motivo por el cual muchos ejecutivos y empresarios
deciden ingresar a un club, iniciar tareas altruistas o ayudar a
personas de sectores vulnerables, en busca de incentivos
personales y reconocimiento de la comunidad.
De acuerdo con la pirámide de necesidades diseñada por Abraham
H. Maslow, las necesidades del ser humano están jerarquizadas y
escalonadas de forma tal que cuando quedan cubiertas las de un
orden, empiezan a sentir las necesidades del orden superior.
Las obligaciones fisiológicas como hambre y sed aparecen en el
escalón básico de Maslow. Cuando el ser humano tiene ya
cubiertas estas necesidades empieza a preocuparse por la
seguridad de que las va a seguir teniendo cubiertas en el futuro
y por la seguridad frente a cualquier daño.
Una vez que el individuo se siente físicamente seguro, empieza a
buscar la aceptación social; quiere identificarse y compartir
las aficiones de un grupo social y desea que el grupo lo acepte
como miembro.
Cuando el individuo está integrado en grupos sociales empieza a
sentir la necesidad de obtener prestigio, éxito y alabanza de
los demás. Finalmente, los sujetos que tienen cubiertos todos
estos escalones, llegan a la culminación y desean sentir que
están dando de sí todo lo que pueden, desean crear.
En los países más desarrollados las necesidades fisiológicas y
de seguridad están cubiertas para la mayoría de los miembros. Es
por eso que las empresas producen y ofrecen medios de satisfacer
las necesidades de pertenencia a grupo o de prestigio social.
La Coca-Cola no es un producto para satisfacer la sed sino para
satisfacer la necesidad de pertenecer al grupo de jóvenes que se
divierten. El Audi trata de satisfacer la necesidad de éxito y
prestigio social.
Sin embargo, hay quien considera que un hombre sabio es aquel
que no sufre por las cosas que no tiene, sino que disfruta de
las que sí posee.
Marco Antonio López, director general del hospital psiquiátrico
Fray Bernardino, asegura que muy pocas personas logran
satisfacer todas sus necesidades, principalmente en materia
económica.
Por ello, recomienda reflexionar sobre los aspectos que
realmente son importantes en la vida, como el equilibrio entre
el trabajo y la familia, además de la aceptación personal.
"A veces, trabajamos tanto o nos exigimos tanto que lo único que
logramos es ser un buen neurótico insatisfecho y vacío",
expresa.
Lo peor es que cuando las personas experimentan frustración por
la falta de recursos económicos y se someten a largos procesos
de hipertensión, padecen síntomas que van desde la sensación de
vacío y ansiedad, hasta gastritis, infartos, dolor de espalda,
migraña y pérdida de cabello.
"Además, las personas que se someten largos procesos de
hipertensión terminan por romper sus relaciones interpersonales
con familiares y compañeros de trabajo, además de adquirir
algunos vicios", advierte el especialista.
Por su parte, Humberto Patiño, director general de la empresa
Asesoría Internacional en Competitividad Organizacional, asegura
que las situaciones de crisis pueden representar un punto de
partida para un proceso de motivación.
El también catedrático de la facultad de psicología de la
Universidad Nacional Autónoma de México y de la Maestría de
Calidad en La Salle, establece que la mayoría de las personas
que realizan tareas ejecutivas tienen cubiertas sus necesidades
fisiológicas, de seguridad y aceptación social. Sin embargo,
muchos tienen que que trabajar más en la etapa de
autorrealización.
Las personas, explica, sólo pueden autorrealizarse cuando han
desarrollado un proceso de planeación de vida y de carrera, lo
cual les permite realizar una serie de actividades, personales y
profesionales, que les brindan tranquilidad y placer.
"Cuando un ejecutivo experimenta vacío y tristeza, a pesar de
tener un buen trabajo y estar satisfecha con la pareja y la
familia, seguramente es porque no ha desarrollado correctamente
un plan de vida", apunta.
La recomendación de Humberto Patiño es identificar las
situaciones, internas o del entorno, que funcionan como
estímulos, para posteriormente autoadministrarlas y erradicar la
sensación de tristeza y ansiedad.
"Para todos sale el mismo sol, hay el mismo tráfico y existe la
misma contaminación. Sin embargo, hay dos comportamientos muy
diferentes y ese comportamiento tiene que ver con cómo me siento
y cómo estoy en mi proceso de alcanzar el plan de vida", agrega.
De acuerdo con estudios elaborados en México, la mayoría de los
ejecutivos padecen procesos de hipertensión, sufren úlceras
sensacionales y padecen problemas de exceso de peso.
"Sin embargo, nadie hace nada para cambiar los aspectos
negativos. Nadie hace nada por hacer ejercicio, por irse a un
parque y leer un libro o fugarse al cine o dejar de fumar. Sólo
nos quejamos de cómo estamos pero no hacemos nada por cambiar y
esto genera frustración", reconoce.
Un buen hábito para automotivarse, recomienda, es registrar en
una agenda cada momento en que la persona experimenta algún
grado de felicidad. El segundo paso: analizar qué sucedió
momentos antes.
El resultado será detectar qué incentivos necesita cada persona
para experimentar una sensación de felicidad y bienestar. El
tercer paso será buscar cómo planear y administrar ese estímulo,
siempre y cuando sea ético y no dañe la salud.
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